BUENOS AIRES.- La relación siempre fue conflictiva. Las agresiones físicas y verbales de Eduardo Vásquez, el ex baterista de Callejeros, a Wanda Taddei, eran constantes, según declararon en el juicio oral y público contra el músico, por la muerte de su pareja, en febrero de 2010.
El padre, el hermano y el ex marido de Wanda, aseguraron que Vásquez era violento con la joven, que escucharon una pelea en la cual amenazó con quemarla y que los hijos de la víctima contaron que vieron cuando el baterista le pegaba trompadas a su madre.
Lo miró a los ojos
La segunda audiencia del juicio, que se realizó el jueves, comenzó con más de una hora de demora y los primeros en declarar fueron Jorge Taddei y Rubén Néstor Taddei, padre y hermano de la víctima. Antes de comenzar su testimonio, el hombre miró a los ojos al acusado, quien por momentos lloraba y siempre se mantuvo cabizbajo, y luego le dijo a los jueces que nunca pensó que Vásquez podía matar a su hija.
Jorge Taddei contó que en una ocasión escuchó, cuando estaba por tocar el timbre de la casa de su hija, una discusión entre Wanda y Vásquez, en la cual el baterista le dijo "te voy a quemar, te voy a matar". También recordó que en una oportunidad, el imputado amenazó a la madre de Wanda, Beatriz, a quien le dijo "mandate a mudar que te voy a quemar el rancho". Tras ese testimonio comenzó a declarar Rubén Taddei, hermano de la víctima, quien recordó que Wanda llegó en una ocasión a su casa llena de moretones y coincidió con su padre respecto a la frase en la que el baterista amenazó a Wanda con prenderla fuego. En su declaración dijo que cuando le pedían a Wanda que hiciera algo, que no podía seguir con alguien que la golpeaba, "ella siempre lo justificaba y decía que vivía nervioso por Cromagnon, que había que entenderlo".
El tercero en declarar fue el ex marido de Wanda, Jorge Elechosa, padre de los dos hijos que tenía la víctima. El hombre explicó que los chicos le contaban cuando veían a su madre ser golpeada por Vásquez y que en una oportunidad la sacó de la casa de los pelos y a trompadas. "Rompía puertas y vidrios. Los chicos vivían con terror, no querían saber nada con volver a esa casa", dijo el hombre. (Télam)